8/11/10

Nostalgia Prematura

Sonaba Francisca Valenzuela cuando vegetábamos en el escenario, que precariamente iluminado, dejaba una sensación de intimidad enorme. Ella escribía algo lejos del alcance de mis espejuelos. Tú, sentada casi debajo del foco que nos iluminaba a los tres. Embriagándonos con las teclas sonoras del piano junto a la voz de la delgada cantante, ibas dejando estelas de los lápices de colores en tu cuaderno... ¿o era el mío? ¿Importa?

Lo sabíamos; debíamos haber estado engullendo conocimientos en las gélidas salas para ello designadas, pero preferíamos seguir vegetando en el proscenio escuálidamente alumbrado. Ella continuaba escribiendo lejos de donde mis gafas visualizaban, y yo me mantenía recostado en el suelo, mirándote hacia arriba, imaginando como los retazos que cincelabas tomaban forma en la hoja cuadriculada, sobre tus piernas cruzadas y bajo tu cabeza inclinada. Yo pensaba en lo hermosa que te veías desde ese ángulo, en lo bien que le quedaba a ella su corte de pelo, en las bobadas que habíamos hecho juntos, en tantas risas y lágrimas compartidas, en el tiempo que quedaba para que un cartón que finalizaba con cuatro años de estudio nos intentara separar, en que extrañaría esas instancias de compartir en un silencio rebosante de fraternidad... en la falta que me harían...

Luego la bella muchacha del piano dejó de cantar y sonó una guitarra. Yo me alegré de que la atmósfera se rompiera, sacándome de mis pensamientos: las estaba extrañando antes de tiempo...

29/10/10

Barcos de Cristal

En nuestra historia de amor,
el viento arrastró
la noche a otro lugar,
donde con violencia el mar
se enrolla como una blanca amapola.
Yo al tocar tus labios solo encuentro
estrellas hechas de sal,
otras son de cristal.

Donde gira el huracán
enojado como un dios,
con poder de levantar
los cuatro vientos y azotar
la playa y entrar en tu casa
y poner las cortinas de un golpe a volar,
mis barcos son de cristal.
Manuel García

5/10/10

Declaración pública: Me voy a la cresta un rato

Pensé que podría dejar de escribir sobre mi en mi blog, pues quiero este espacio en la web para plasmar lo que creo son poemas o creo son cuentos, junto con la belleza de algunas obras ajenas. Sin embargo, todo esto me supera en vísperas de mi salida de 4° medio y la puta PSU. Quiero decir algo antes de irme a la cresta por un ratito.

Lamento con lo más profundo de mi ser terreno y espiritual que todo esto haya pasado así. Siento que todos fallamos, que ninguno dio el ancho, que nadie supo hablar ni escuchar. Que la actitud de nadie ayudó, por más que lo quisieramos. Que me duele que a él le duela, que me duele que ella esté mal interpretando lo poco que alcancé a decirle y me mande a la mierda sin dejarme terminar lo que le decía. Me hiere que por qué así, ahora, con nosotros.

Pero, qué carajo, las cartas ya están echadas y no hay vuelta atrás. La historia no se borra y a estas alturas acepto que pierdo muchísimo. Por lo mismo me voy a la cresta un rato: para no seguir mandándome cagadas, para no seguir hiriendo a nadie, para no decir nada que afecte a nadie. Para que nadie le tire mierda ni juzgue ni nada a nadie. Que pase lo que tenga que pasar, y luego ahí veremos.

Sólo quiero despedirme con algo que he querido gritar: yo no soy un traidor, no tengo una mente maquiavélica que planea "quitarle las minas" (termino que considero horrendo, pues rebaja a la mujer a la categoría de objeto) a nadie, que las cosas simplemente pasaron y nadie supo manejar nada. Que pese a que me borren de Facebook, del blog o de sus vidas, yo no lo haré nunca, pues han ocupado un espacio en mi vida que ha quedado grabado a fuego. Perdón si les fallé, si no estuve a la altura, si en vez de arreglarla la sigo cagando, si acaso les hice pasar un mal rato siquiera. Y si es que acaso una lágrima siquiera quizo salir de sus ojos por causa exclusiva y realmente mía, significa que quizás merezco irme a la mierda.

No quiero tener todo, como se dijo poráhi, sólo espero ser digno del perdón de aquellos a quienes pude haber herido.

Desde esta mierda de blog que quizás ya nadie más valla a leer, el chico que busca equilibrio se despide temporalmente hasta nuevo aviso. Pero tenganlo claro que si les hago falta para lo que sea, siempre estaré.

22/9/10

La Esquela

Quién tuviera un corazón
de papel como la esquela,
resiste tantas mentiras,
pero nunca siente pena.

Lo encierran en un sobre,
no siente nada
aunque halla risa o llanto
a su llegada.

A su llegada, sí,
porta el amor,
pero ella no sabe
lo que es dolor.

Quién fuera de papel
pa no querer.
Hernan "Nano" Núñez

17/9/10

Héroes Bicentenarios

Grande fue Bernardo O'Higgins
prócer del bicentenario,
que expulsó a los españoles
hace ya doscientos años.

Vino de la Argentina
don San Martín
pa' ayudar a hacer libre
este país.

Este país, ay sí,
también Rodríguez,
guerrillero valiente
muchos lo siguen.

Guerreros de primera
son los Carrera.

11/9/10

Somos cinco mil

Somos cinco mil
en esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿ Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país ?
Solo aqui
diez mil manos siembran
y hacen andar las fabricas.

¡ Cuánta humanidad
con hambre, frio, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura !

Seis de los nuestros se perdieron
en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamas creí
se podria golpear a un ser humano.
Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores
uno saltó al vacio,
otro golpeandose la cabeza contra el muro,
pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡ Qué espanto causa el rostro del fascismo !
Llevan a cabo sus planes con precisión artera
Sin importarles nada.
La sangre para ellos son medallas.
La matanza es acto de heroismo
¿ Es este el mundo que creaste, dios mio ?
¿Para esto tus siete dias de asombro y trabajo ?
en estas cuatro murallas solo existe un numero
que no progresa,
que lentamente querrá más muerte.

Pero de pronto me golpea la conciencia
y veo esta marea sin latido,
pero con el pulso de las máquinas
y los militares mostrando su rostro de matrona
llena de dulzura.
¿ Y Mexico, Cuba y el mundo ?
¡ Que griten esta ignominia !
Somos diez mil manos menos
que no producen.

¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del companero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Asi golpeará nuestro puño nuevamente

¡Canto que mal me sales
Cuando tengo que cantar espanto!
Espanto como el que vivo
como el que muero, espanto.
De verme entre tanto y tantos
momentos del infinito
en que el silencio y el grito
son las metas de este canto.
Lo que veo nunca vi,
lo que he sentido y que siento
hara brotar el momento...
Escrito por Víctor Jara durante su detención en el Estadio Chile entre los días 11 y 14 de septiembre de 1973. Lo escribió cuando le pasaron lápiz y papel para contactarse con su familia. El poema está incompleto, pues mientras lo escribía fue sacado de entre los otros presos para llevarlo a los pasillos del estadio donde se le dio muerte.

6/9/10

Ambigüedad aclarada

Y él lo evita... lo evita... jura que lo evita,
pero le es realmente difícil contenerse.

Sus manos recorren la silueta curvilínea
que, sorprendentemente, le hacen sentir
que se hace estrecha la entrepierna del pantalón.
Sus dedos hacen contacto con la ropa de la jovencita
que con su zarca mirada lo sacó de la reunión de amigos
para comenzar con la danza de la desnudez.

Con efecto dominó van saliendo broches y botones,
mientras el recoveco más alejado de su mente
le recordaba que era alguien más con quien
su cuerpo desnudo encontraba la lujuria.

Comenzaban ambos a salir de sus capullos,
extasiados en alcohol, sudor y hormonas.
Él recorrió su cuerpo con los labios,
mojó su vientre con el ron de su vaso
y lo bebió hasta llegar a la cuenca fértil de la pelirroja.

Comiénce entonces la danza de la fertildad entre ellos,
quienes se hallaban sedientos de goce,
ávidos de piel rozándose.

Concluido entonces el ritual,
mientras ella encendía un cigarrillo
recostada sobre su pecho aún agitado
halló la respuesta a la duda que le ordenaba
poner fin a la relación que mantenía con el hermano de su nueva Venus.

Por fin lo supo:
no era homosexual.

2/9/10

El Húsar va a la Muerte

Un escalofrío recorrió su espalda cuando sintió el cañón del fusil hacer contacto con su nuca. Inconscientemente cuando se estremeció juntó los pies, gesto que el caballo interpretó como una órden de apurar el galope. Pero el caballo no fue muy lejos, pues era otro quien llevaba las riendas; su jinete iba maniatado y vendado.

Se preocupó de disfrutar, pese a lo incómoda de la situación, las maravillas que ofrecen los caminos de Til Til que, con los ojos vendados, pareciera sentir mucho más. Se regocijaba por última vez con el cantar de los pájaros, el sonido de las hojas de los árboles al moverse con el viento, el aroma del caballo, la brisa sobre su cara, la fragancia propia del campo chileno. Campo donde tantas veces se ocultó, lo persiguieron o planeó las agitaciones en contra del Rey.


Qué injusto era todo eso. Después de haberse puesto tantas veces el uniforme de las calaveras en nombre de la Patria, de haber visto morir a sus soldados defendiendo la libertad chilena, pasar por esto. Él,
que tantas veces debióse hacerse pasar por monje, mendigo, borracho y cuanto otro personaje le fuera necesario para seguir con vida, la misma que sabía le sería arrebatada luego.

Por un minuto se arrepintió brutalmente de dejar tirado su título de abogado para unirse a las filas del ejército. No sabía en qué carajo estaba pensando en ese instante. Pero quizás, sólo quizás, haya valido el esfuerzo; Chile era ahora un país libre y, de todas formas, él también iba a morir en algún momento. Claro que nunca pensó que sería por orden del guacho Riquelme. El mismo que ahora gobernaba altivo, sin ninguna gota de consciencia por la sangre derramada de Juan José y Luis en Mendoza. Sangre que también siente debería caer encima del afuerino que vino a estas tierras planeando quizás qué hazañas, y ver si se llevaba algún cargo, dinero u honor. A estas alturas, ya no le extrañaría nada, sólo que el soldado que lo llevaba desobedeciera las ordenes de Riquelme.


Pero pese a la rabia que sentía, reconoció el aroma que ahora sentía: a peumo. “Buenas tardes, señor litre” le oyeron decir; él sabía que junto con esos peumos había un litre. Conocía esos caminos de memoria, así que aún con los ojos vendados sabía se acercaba al bajo donde tantas veces se escabulló por entre las hierbas. Sentía que le quedaba poco.


— Lo lamento mucho, mi Teniente Coronel, —dijo uno con voz apretada uno de sus guardianes— pero son órdenes de mis superiores.

— Al menos sáqueme la venda de los ojos, Aguirre, me gustaría verle a la cara. — Unos segundos de silencio le indicaron que hubo sorpresa al llamar por su nombre a un soldado con el qué combatió usando el traje de las calaveras. Aún lo recordaba.

— A sus órdenes, mi Teniente Coronel. — Y sintió las ásperas manos de s
u guardián sacarle la venda de los ojos. Y aunque tardó unos segundos en acostumbrarse a la luz, lo primero que vio fue a Aguirre cabalgando junto a él en otro caballo y a otro soldado más adelante.
— Falta uno —dijo el prisionero —, dijeron que eran tres. Fueron tres los soldados que me llevarían a la cárcel de Quillota. Dígame dónde está, Aguirre.
— Falso, Rodríguez —habló un hombre que apareció desde atrás del guerrillero —. Dos soldados y yo. Teniente Navarro, para servirle.


Siguieron entonces su camino hacia Quillota, ahora con un prisionero totalmente consciente de la ruta que llevaba. Miraba el cielo, los árboles, el camino que lo llevaba a un castigo injusto. El Teniente Navarro le decía que mire Rodríguez, a usted se le dieron todas las facilidades para que se educara como político y más adelante pudiese quizás volver a ser Director Supremo, pero usted no ha hecho más que causarnos problemas. La Patria debe volar libre, Rodríguez, sin intromisiones molestas. Debe volar... igual como ese pajarillo, mire.


El prisionero le dio la espalda al Teniente para ver el pájaro, y alcanzó a ver a Aguirre que se sacaba su sombrero y comenzaba a lagrimar. Comprendió entonces lo que el Teniente hacía a sus espaldas.


— No olvide lo que está viendo, Aguirre.

— A sus órdenes, mi Teniente Coronel.

Fue entonces como una estampida de pólvora impulsó al negro caballo de la muerte hacia el cuerpo del guerrillero. Con la mirada siempre altiva sintió que los ojos perdían la noción del mundo, y que un rojo manantial manchaba las tierras cercanas a Til Til. Las manchaba con traición, con la cobardía de un disparo por la espalda.


Cuando se supo la noticia entre los cercanos, la congoja reinó en todos y cada uno de sus corazones, y se cumplieron las palabras que muchísimo tiempo después profesaría Neruda:

Que se apaguen las guitarras
Que la patria está de duelo,
Nuestra tierra se oscurece:
Mataron al guerrillero.
 
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